domingo, 26 de enero de 2014

La Real Casa y Familia de Borbón-Dos Sicilas o el triunfo de la unidad.


Artículo del Presidente de esta Casa y Cronista Rey de Armas Don Francisco Acedo Fernández Pereira, sobre el Acto de Conciliación de la Real Casa de las Dos Sicilias.

LA REAL CASA Y FAMILIA DE BORBÓN-DOS SICILIAS O EL TRIUNFO DE LA UNIDAD

El Acto de Conciliación entre las dos Ramas de la Real Casa y Familia de Borbón-Dos Sicilias es sin duda un hecho histórico, con prácticamente ningún precedente y que pone de manifiesto el espíritu de reconciliación inspirado por los valores evangélicos que ambas partes han sabido tener, cerrando heridas, renunciando a importantes y vitales cuestiones, por el bien de la Tradición de una Casa Real que ha contado siempre con un prestigio notable, tanto en el llamado Ramo Franco-Napolitano como en el llamado Español. Son varias las Dinastías Soberanas que se encuentran en situaciones de separación, y tal vez, el único precedente que podamos encontrar más cercano a nosotros es el nunca firmado acuerdo entre Don Alfonso Carlos I y Don Alfonso XIII.

El marco en el que se firmó el Acto de Conciliación no pudo ser más adecuado, en Nápoles, la víspera de la Beatificación de María Cristina de Saboya, Reina de las Dos Sicilias por su matrimonio con Fernando II e hija de Víctor Manuel I de Cerdeña, lo que dio la situación de que el último Rey Partenopeo, Francisco II y el primer Rey de la Italia unificada, Víctor Manuel II fuesen primos hermanos. En la Santa Misa de Beatificación, presidida por Don Angelo, Cardenal Amato, estaban presentes gran número de Casas Soberanas italianas, encabezadas por el Príncipe Amadeo de Saboya Aosta, Duque de Saboya, como Jefe de su Casa y símbolo de unidad entre todas las Dinastías que forjaron, a lo largo de los siglos, la gloriosa historia de Italia.

La firma fue un acto íntimo, familiar, en el emblemático Hotel Excelsior (parece que la historia de la Casa de Borbón quiera que muchos de sus importantes documentos se firmen en hoteles) a la que asistieron miembros de las dos Ramas, encabezados por el Duque de Castro como Jefe de la Rama Franco-Napolitana y el Duque de Noto como heredero de la Rama Española, quien actuaba en nombre de su padre, el Duque de Calabria, muy debilitado por la edad. Sí estaba presente su mujer, la Princesa Ana de Orleans, Duquesa de Calabria. El documento, de tres páginas, se resume en una frase que cito textualmente: “Acuerdan ambas partes, entre tanto, poner todo su empeño dinástico y familiar a fin de lograr un espíritu de concordia y comprensión no sólo entre ellos sino igualmente entre sus propios partidarios, reconociéndose respectivamente como Primos, con los Tratamientos y Títulos que actualmente son de común uso por ambas partes y sus descendientes, y actuando públicamente al unísino como una sola Familia”.

Aquí está la clave de todo: la unidad Familiar, Dinástica e Institucional. Bien se podría pensar que el día que (Dios quiera sea lo más tarde posible) fallezca el Duque de Castro, la Rama Franco-Napolitana se extinguiría por tener dos hijas y por no estar muy clara la validez para la sucesión de la descendencia de los Príncipes Felipe y Gabriel, algunos de los cuales estuieron presentes en el Acto, hijos del Príncipe Alfonso, Conde de Caserta y hermanos de los Príncipes Alfonso y Rainiero, cabezas de cada una de las dos Ramas dinásticas. Pero lo cierto es que en la Casa de las Dos Sicilias, como en la de Parma, se aplica la Ley Semisálica y careciendo de parientes varones, el Duque de Castro podría transmitir a un hipotético nieto sus Derechos Reales. Primer y gran sacrificio de una Rama. Se ha llegado al acuerdo de que el Príncipe Don Jaime, Duque de Capua, primogénito del Duque de Noto, profundice en sus estudios de italiano y se vincule más a la realidad del Antiguo Reino y a las Instituciones de la Casa, especialmente a las Órdenes Dinásticas. Segundo sacrificio de otra de las Ramas. En cualquier caso, a los hijos de los firmantes se les reconocen Ducados, el de Capua, como acabo de escribir al hijo del duque de Noto, y los de Palermo y Capri a las Princesas María Carolina y María Clara, hijas del Duque de Castro. Si se tiene en cuenta que la costumbre en la Casa de las Dos Sicilias es la concesión de Condados vitalicios a los hijos que no son el Primer Heredero, éste es un amplísimo reconocimiento y una inmensa consideración por parte de ambas Ramas, especialmente la que se ha tenido hacia las hijas del Duque de Castro. El tercer sacrificio será en que los dos actuales Jefes de la Casa conservarán esa Dignidad durante sus vidas y, que el Sucesor del Duque de Calabria, no será su hijo, sino el Duque de Castro, al que sucederá el Duque de Noto o el hijo de éste, el Duque de Capua.

Por qué no decir que el Acto tiene una clave política, la unión de los partidarios. El gran acierto del Príncipe Rainiero, que siguió más tarde su hijo el Príncipe Fernando y actualmente el Príncipe Carlos, Duque de Castro, fue el acercamiento a Italia, el vivir en ella y conocer de primera mano la situación real de las tierras en las que reinaron sus antepasados. De esta forma en la Italia Meridional es mayor el número de los partidarios del Duque de Castro que de los del Duque de Calabria, aunque éste también tenga allí sus seguidores, especialmente en la zona de Palermo por la vinculación de la Iglesia de la Soledad (cuyo suelo, por cierto, es territorio extraterritorial español), y sean también numerosos los que se encuentran en el Norte de Italia. Por su parte, la vinculación de la Rama Española a esta nación y su Dinastía Reinante ha hecho que en España sea preferida la opción del Duque de Calabria, lo que unido al prestigio añadido de ser Infante de Gracia y tener a su favor la protección de Don Juan Carlos. Éste solicitó en 1983 a través del recordado Marqués de Mondéjar, Jefe de su Casa, al Consejo de Estado, al Ministerio de Justicia, al Ministerio de Asuntos Exteriores y a la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación el parecer sobre la Jefatura de la Real Casa de las Dos Sicilias y del Magisterio de la Sagrada Orden Constantiniana de San Jorge, quienes dictaminaron a favor del Duque de Calabria en virtud del Tratado de Nápoles de 1759 y así se trasladó el reconocimiento al interesado el 8 de marzo de 1984. Ello fue ratificado en la concesión del Infatado de Gracia el 16 de diciembre de 1994. Nunca una Casa Soberana había interferido de tal manera en los asuntos de otra, pero en virtud de los Pactos de Familia y siendo Don Juan Carlos el único reinante, tomó la decisión de hacerlo tan abiertamente, pues no olvidemos que el Jefe de los Borbones es Luis Alfonso de Borbón, Duque de Anjou y Jefe de la Real Casa de Francia, que sería quien, en un momento dado, podría tener algún ascendiente sobre las otras Ramas de la Casa.

El sentimiento italiano es más, podría decirse, dinástico, por eso se basa en cuestiones más sentimentales e históricas, más vinculado a la antigua nobleza partenopea y a los monárquicos agrupados en los llamados movimientos neoborbónicos, ligados a la Rama Franco-Napolitana, mientras que el sentimiento español es más caballeresco, más vinculado al prestigio de una Casa que se ve como filial de la Casa Real de España y de unas Órdenes que gozan en estos Reinos de unas peculiaridades singulares y, en especial, de la Orden Constantiniana, que es sin duda, la más extendida en las Españas de todas las de la Real Casa de las Dos Sicilias. Quisiera señalar que mientras la Orden primigenia, que concede la Real Casa de Borbón Parma, se otorga con cuentagotas, las de las dos Ramas Partenopeas se prodigan abundantemente. La noticia del Acto ha sido acogida con mucha mayor alegría en Italia que en España, como por otra parte es lógico, y ahora habrá que trabajar y mucho para que los partidarios de uno y otro Ramo entiendan, acepten y acaten este Acto histórico y generoso y dejen a un lado rencillas y prejuicios.

Es de justicia reconocer que para llegar a este momento ha habido detrás más de un intenso trabajo y personas que han trabajado larga y silenciosamente para poder arribar a buen puerto. La discreción ha sido una de las claves. Destacan el Embajador Giuseppe Balboni Acqua, el Duque de Hornachuelos y el Duque de Huéscar, entre otros, además del papel fundamental que ha tenido la Casa de Loulé en las negociaciones. Quien merece una referencia destacada es Don Alfonso de Ceballos-Escalera, Duque de Ostuni en Nápoles y Marqués de la Floresta. A la luz del Acto es cuando se entiende el porqué de su nombramiento como Delegado del Duque de Castro para España hace más de un año y medio, cuando él había sido uno de los más firmes defensores de las posiciones del Duque de Calabria. Su actuación ha sido de una altura de verdadero hombre de Estado, que ha sabido prestar un impagable servicio personal exponiendo su propia imagen, su nombre y su reconocido prestigio en esta Causa. El tiempo pone a todos en su sitio y destapa los velos de la verdad, que siempre triunfa.

Como miembro de una familia que partió de Nápoles al exilio en 1860 acompañando a su Rey Francisco II y que hemos seguido fieles a la Causa Real de las Dos Sicilias (en nuestro caso a favor del Ramo Franco-Napolitano, a nadie engaño), no puedo sino manifestar mi enorme dicha, felicitar a todos los monárquicos por esta gratísima noticia, y mostrar públicamente mi respeto y acatamiento al Acto de Conciliación. Ahora queda un largo camino por recorrer, la unificación de las dos Órdenes Constantinianas, la bicefalia de la Real Casa, pero el paso fundamental ya está dado y hecho público que es lo importante. Si algo no se publica, no existe o no se conoce su existencia. Muchas dudas y preguntas surgen ahora y para terminar este artículo lanzo una: teniendo en cuenta que los Jefes de las Casas de las Dos Sicilias y Parma tradicionalmente son Infantes de España, ¿será ahora agraciado el Duque de Castro con este honor? Si pensamos que los Príncipes de Parma lo son por sus Derechos Legítimos, y Don Juan Carlos, como Monarca Reinante reconoció como Jefe de la Casa de las Dos Sicilias al Duque de Calabria y éste, a través de la persona de su hijo, ahora ha reconocido también como Jefe de su misma Casa y Familia al Duque de Castro, lo lógico sería la concesión a éste del Infantado de Gracia. Lo dejo en el aire.

Francisco Acedo Fernández Pereira,
Presidente del Colegio Heráldico Antoniano de Lisboa.
Cronista Rey de Armas.

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